De cómo el dinero se carga la humanidad de un paí­s: la crisis moral que tendrá que combatir China

Valores a la capitalista: crónica de una muerte anunciada

No lo digo yo, se lo autodiagnostica ella solita: China, ese paraíso económico que crece mientras a otros nos come con papas la crisis, está pasando por una crisis muy diferente… Una crisis de valores. No, no esos valores de los que se habla tanto ahora… los otros. Los que impulsan a una sociedad a considerar lo que está bien y lo que está mal y a actuar en consecuencia. Yo creo que esta crisis moral es hija de la otra, y que nosotros también la tenemos encima, si bien aún no se hace notar hasta el mismo punto, porque está entrando en escena de una forma más paulatina y diferente. En China, en cambio, casi de la noche al día, el comunismo se ha vuelto capitalismo del más salvaje, la pobreza muta en prosperidad y clases de nuevos ricos, donde un país que hace poco era casi tercermundista le disputa hoy el puesto a “la primera potencia del mundo”.

El cambio de sistema en China no ha dispuesto de tiempo para ser paulatino, y la adaptación está siendo muy confusa y trayendo muchos quebraderos de cabeza a la sociedad china, que se enfrenta al reto de digerir los cambios en todas las esferas de su vida y buscar una nueva identidad. Esto sucede en un período de cambios diseñados en torno a la economía que ha derrumbado valores y costumbres milenarias en una sociedad en la que gran parte del pilar de la cultura se derrumbó ya en los ’60. ¿En torno a qué, entonces, se construye una identidad? De repente, sin que ellos mismos lo hayan decidido, alguien ha tomado ya la decisión. Todo ronda en torno a la persecución de la riqueza. Y los valores que han sobrevivido, lejos de suponer un contrapeso humanístico en la balanza, a menudo lo que hacen es potenciar la frialdad y la amoralidad del capitalismo.

Así, por ejemplo, la tradicional importancia del honor (mianzi) se aplica hoy al dinero, y el que tiene más riqueza va por la vida colgándose los Louis Vuitton [auténticos] de tres en tres, o se cree con derecho de atropellar con su cochazo a los que vayan andando por un paso de cebra; el ansia por hacerse rico a menudo hace uso de la imaginación de los inventores, que parece resurgir siempre para lo que menos debe, como envenenar leche infantil para que dé niveles altos de proteínas en los análisis de calidad; la costumbre de que el hombre provea a la familia económicamente se traduce hoy en un matrimonio que en la práctica no es más ni menos que “la compra de una novia” (las mujeres exigen abiertamente coche y casa para casarse, y muchos “no se pueden permitir una novia”)…

He aquí las fashion victims de la temible fiebre luivuitona, que se desata sin control entre los nouveau riches

de la misma China donde se made los bolsos igualitos que lleva tu vecina por dos duros.

De muchas corrientes filosóficas y religiosas mundialmente conocidas y valoradas, y que fueron víctimas del desprecio del maoísmo por la cultura, sólo quedan un puñado de supersticiones, y desprecio y desinterés de la sociedad por ellos; y muchas piezas de museo que perviven tras los estragos de la Revolución Cultural de los ’60, testigos del devenir de una cultura tan rica y milenaria, se pudren casi literalmente en algunos museos, que casi no atraen público y que a veces no estudian debidamente lo que tienen en sus manos. La costumbre de hacer borrón y cuenta nueva en cada etapa histórica lleva hoy a deshacerse fácilmente de prácticas como el taichí, que para los jóvenes es “cosa de viejos”, a menospreciar y destruir el patrimonio artístico y cultural para levantar rascacielos y moderneces cutres, y a abrazar las modas más novedosas sin preocuparse en preservar la herencia del pasado. El valor que en muchos aspectos le otorgó el comunismo a la justicia y la igualdad languidecen hoy en una sociedad ultracapitalista donde lo que prima es el éxito… Entendido como prosperidad económica, no como alcance de un objetivo vital o como el tipo de felicidad que muchos sabios y poetas experimentaban y expresaban antaño en sus vidas nómadas, humildes y creativas, contemplando la naturaleza, viajando o visitando amigos a los que dedicaban luego palabras hermosas a cambio de poco o nada.

Quizá haya quien lea esta entrada y sentencie que está llena de prejuicios o algo por el estilo. Todo el mundo tiene una visión del mundo forjada en circunstancias distintas; yo no soy diferente, y soy crítica desde mi perspectiva (y además me expreso a base de exageraciones, que es mi deporte nacional favorito 😉 ). Eso no quiere decir que no comprenda o no empatice con otros puntos de vista, y de hecho voy a explicar a continuación por qué creo que los chinos en buena medida son víctimas inmersas en una situación, no precisamente por voluntad propia. Que conste también que esto es un blog personal donde vierto mis opiniones, y no tengo pretensiones de ser imparcial, aunque sí de incluir los diretes tanto como los dimes. También pretendo hacer ver que a nosotros quizá no nos pase tan notoriamente, pero también andamos pringados hasta la rodilla en un duelo a garrotazos entre el éxito y los valores por el estilo, y que me da que se va a parecer en muchas cosas a la situación china de aquí a no tanto si no se le pone freno o reforma a este sistema que está pudriendo las cualidades más hermosas de la humanidad, que precisamente nos hacen más humanos que “el éxito”.

Instrucciones para “una vida de éxito”

No sé a los demás, pero a mí me parece que no es de extrañar, en las condiciones en que se persigue el éxito en China, que la identidad y los códigos morales del país entero se resientan. Un chino está obligado desde la cuna a pasar por muchos aros, en los que tiene que ir renunciando a muchas cualidades humanas, si quiere sobrevivir y triunfar en la selva competitiva donde sólo los más fuertes alcanzan el éxito.

En los medios rurales, aún se desprestigia desde el nacimiento a la mujer. Si el hijo es varón, cuatro abuelos y dos padres depositan en él las esperanzas de toda la familia desde la cuna; lo mismo pasa, tanto a niños como a niñas, en las ciudades. Además de recibir mucha presión mucho antes de lo que es posiblemente razonable, el niño acaba a menudo malcriado y siendo “el pequeño emperador” de la casa.

La caricatura del pequeño emperador…

En la escuela, la presión por ser el número uno de la clase es tan brutal que la infancia se dedica casi por entero al estudio, siguiendo rutinas casi militares y desatendiendo el contacto con amigos y familia, los juegos, el desarrollo de la personalidad, las aficiones y la imaginación. Las asignaturas se centran especialmente en la memorización de datos, el aprendizaje de consignas marxistas/maoístas que continúan hasta los estudios de postgrado de forma obligatoria (y muchos chinos califican abiertamente de lavado de cerebro), y la ausencia de asignaturas, enfoques y temas que llamen a la reflexión o apelen demasiado a la creatividad. No existen en el instituto las asignaturas tipo filosofía, ética/ciudadanía, historia del arte… Hay incluso escuelas en áreas especialmente industrializadas que se centran en formar a los estudiantes exclusivamente con conocimientos prácticos para empresarios desde muy jóvenes. Las humanidades no convienen, no sirven para lograr “el éxito” y por lo tanto casi se esfuman por completo de la educación. Yo creo que esta carencia resulta decisiva en la raíz de la crisis moral que vive China.

La presión llega a su culmen con el gaokao, la “selectividad china” que decide los pocos afortunados que tendrán plaza en una universidad (lo cual para muchos significa incluso la oportunidad remota de sacar a la familia entera de la pobreza y escalar posiciones en la jerarquía social).

En la universidad, la cultura y el conocimiento a menudo importan tres pitos tanto a los alumnos como a muchos profesores, y lo que cuenta es más bien cumplir vaga y aparentemente con los deberes para tener un título de lo que sea mientras buscas contactos de los que puedas tirar como enchufe (guanxi) en el futuro.

A menudo, muchas relaciones “de amistad” no tienen por fondo el amor, el aprecio desinteresado por lo que hace el otro o la complicidad, sino la posibilidad de tener un guanxi en potencia el día que te haga falta… Cuando necesitas buena asistencia médica, por ejemplo, en un país sin prestación universal de seguridad social, con médicos que cobran por número de pacientes atendidos, y donde te piden el dinero de la intervención antes de hacerte nada, aunque llegues mediomuerto. (Esto no me lo saco de la manga. Incluso los profesores nos dicen a los extranjeros que les contactemos en caso de emergencia porque aseguran que nos haría falta tirar de sus enchufes con médicos fiables.)

El objetivo de la mujer joven es estar guapa para atraer a un hombre rico que la mantenga y le compre todos sus caprichos caros, llegar virgen al matrimonio (aunque esto último empieza a cambiar ahora en las ciudades) y consumir, consumir y consumir como una posesa. El del hombre, tener mucho dinero para permitirse tener novia, a la cual se atrae con coche y vivienda en propiedad, por lo que tiene que ganar dinero CUANTO ANTES Y COMO SEA.

Tanta exigencia económica lleva a muchos a meterse en actividades muy lucrativas sin ningún tipo de escrúpulo moral, como fabricar y vender huevos falsos, venderle a los panameños pasta de dientes fabricada con líquido de frenos, rescatar aceite de las alcantarillas para cocinar en restaurantes callejeros o envenenar la leche infantil con melamina para que dé más concentración de proteínas en los controles que la marca de la competencia (cosa que sigue siendo moda en todas las marcas de lácteos en China, por cierto, después de 4 años desde el primer escándalo). Ojo, no digo que esto sea la costumbre de toda la nación… pero no son precisamente pocos los sinvergüenzas, y los chinos lo saben mejor que nadie.

Adquirir la vivienda es una condición indispensable, como lo ha venido siendo en España, o más. Y la inflación crece tan rápido, que el precio de la vivienda en la ciudad se dobla y se triplica en cuestión de unos pocos años, con lo cual para muchos jóvenes es muy difícil independizarse, aunque con apoyos familiares y otros recursos, la mayoría se las apaña para independizarse muy joven para formar su familia. Casar a los hijos es casi un deber o un objetivo crucial, y muchos padres de hecho llegan a concertar el matrimonio de sus hijos aún, en familias de origen rural, y a aportar las condiciones económicas oportunas para favorecer la sucesión de la familia. Así, una tradición cultural se ha acentuado y deformado en dirección al culto al dinero y la valoración del sujeto y la familia por el nivel adquisitivo.

El que se esfuerza en el trabajo, a menudo no llega a tener el poder de otro que posee una cartera de enchufes o que se vale de la picaresca para escalar posiciones (¿os suena, españoles?). En el trabajo prima el número de horas invertidas por encima del rendimiento (¿y esto, os suena?) lo cual hace que muchos dediquen muchas horas vacías a “trabajar” mientras charlan por QQ (messenger chino) y sólo tengan tiempo para dormir después de muchas horas extras. Bajo mi punto de vista, en todo el mundo, pero en China especialmente, muchos ya no trabajan para vivir; más bien, viven para trabajar.

Casarse es más un paso obligatorio (y temprano) en las “instrucciones de vida” que un rito que selle una relación por amor. Claro que hay enamorados y existe el amor… pero muchas relaciones sinceras se acaban estropeando o truncando por cuestiones, cómo no, relacionadas con el dinero o el prestigio social. Y otras uniones empiezan más por cuestón de presión, tradición o de negocio que por amor.

Tener hijos es la garantía de que alguien te mantendrá en el futuro cuando seas mayor, si tiene éxito… así que hay que “empujar” al hijo en la dirección correcta… y el ciclo de presión en busca del éxito vuelve a empezar.

En esto ha convertido la obsesión por el dinero a la tradición de esta sociedad.

El detonante de una reflexión muy necesaria

A muchos les chocará que una sociedad entera sufra una falta de moral de tales proporciones que haga que 18 personas puedan pasar por delante de un bebé de dos años desangrándose tras un accidente de tráfico o incluso volver a atropellarla con toda la mala leche, hecho que dio la vuelta al mundo el año pasado y que seguro que recuerdan (no voy a poner el vídeo; ni hace falta, ni quiero)… Pero que no resulta una noticia tan rara en China, porque estas cosas pasan aquí a diario. De hecho, no es la primera vez que algo así tiene cabida en los medios chinos. Ha habido accidentes anteriores en que aquellos que se prestaron a ayudar acabaron siendo culpados y penalizados por una ley que no concibe que puedan haber actos altruistas, lo que ahora (lógicamente) echa a muchos atrás a la hora de plantearse si ayudar a alguien en apuros. Otra circunstancia que influye en esto es que en China, el que llama a una ambulancia o a los servicios públicos, tiene que pagarlos de su bolsillo. Para mucha gente, sobre todo en casos aparatosos como el de aquella niña, los precios son prohibitivos, y para los ricos, que son los más carentes de moral en todo este tinglado, es una molestia que les rasca unas perras que no les da la gana de soltar, hablando en plata. Por eso es muy común que se formen en torno a los accidentes extensos grupos de mirones que no mueven un dedo por ayudar, y que esperan a ver cómo se resuelve el problema (fenómeno que no es ni nuevo, ni exclusivo de China… aún recuerdo varios ejemplos en occidente que tratamos en las clases de filosofía en el instituto). Valga como ejemplo entre tantos otros el de la uruguaya que se tiró al Xihu (el lago de Hangzhou) a sacar a una mujer que se ahogaba ante decenas de espectadores que miraban de brazos cruzados. (A la chavala le hervía la sangre de rabia al salir del agua…).

Muchos medios de prensa empezaron a publicar reflexiones sobre la crisis moral y a intentar dar respuesta a los porqués de la situación. Alguno incluso propuso una toma de responsabilidad de forma individualizada y propuso a la gente que ayudara desinteresadamente a los demás cuando tuviera la ocasión como forma de combatir el fenómeno. Los usuarios de internet quemaron foros y espacios como Weibo (el Twitter chino) debatiendo sobre el tema. Incluso inventaron un lema (ponle fin a la indiferencia). Aquí van unas traducciones de una selección de comentarios de usuarios de Weibo, hechas y publicadas por Daniel Méndez en Zaichina:

小马爱吃草

La escena de este accidente no se parece en nada a la escena de una persona mayor [en referencia al caso de Peng Yu y otros similares]. Si se tratara de no ayudar a una persona mayor que se ha caído en la calle no les criticaría, ¡¡¡pero una niña de dos años que ha sido arrollada por un coche!!! Si evitas lo más esencial por miedo a un pequeño riesgo, me quedo sin palabras… pero, si permitimos continuar a la sociedad con esta indiferencia, ¿que pasará cuándo los que seamos atropellados seamos nosotros mismos?

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¿Dónde está la conciencia de la gente?

Lady_cherry信者得愛

¿Qué han hecho esas 18 personas? ¡Qué indignante! ¿Dónde está la moral de la sociedad? ¿Dónde está la humanidad de la gente?

手机用户2091577483

La única directriz del pensamiento capitalista es la de matarnos los unos a los otros. No necesito decir nada más. Sólo con la ideología comunista se puede evitar esto. ¡Piénsatelo!

JsenLee

Después de ver el vídeo, ¡me he quedado mudo! Qué indiferencia de la gente de la calle… Maldito conductor del coche… Sabe que ha atropellado a alguien y vuelva a pasar por encima de ella otra vez!!

喵喵月光草

Ojalá pudiera ser como dice la canción: “con que todo el mundo se ofreciera un poco de amor, el mundo se convertiría en un lugar mucho más bonito”.

TiTi的居然之家

¡Acaba con la indiferencia! Al conductor del coche no sería suficiente con matarle 100 veces. Ha pasado por encima de una niña dos veces. ¡Hijo de puta!

意联串儿

Esas 18 personas… ¿están ciegas? En cuanto a los conductores, no tengo palabras para describirles. ¡Son animales! ¿En qué tipo de sociedad vivimos? A pesar de que la humanidad debería ser agradable, la indiferencia es mayor. A la gente no le preocupan los problemas de los demás. ¿Acaso la vida más básica no tiene ningún valor? Si a una persona le quitas la humanidad más básica… ¿sigue siendo una persona?

木木-Miya

Recuerdo que una vez ayudé al conductor de un triciclo. En aquel momento, mis amigos también me dijeron que no debía ayudarle, ya que podía acabar denunciada por él. Pero, ¿cómo voy a ser indiferente a una vida humana? ¿No me voy a sentir después culpable? Además, con tanta gente allí, ¿no iba a haber alguien que fuera testigo?

兔斯基依然荡漾

Todos estamos luchando en este mundo, por favor, ¡para la indiferencia!

Parece que los jóvenes se muestran especialmente críticos y se empiezan a saber responsables del destino de los valores de su sociedad. Al menos, sobre el papel (o mejor dicho, entre píxeles…). Esperemos que la cosa no pase de ser un trendng topic de esos, tan cool.

Mi compañero de piso chino, con quien puedo hablar de todo esto a gusto, me dio a conocer un tema de debate de moda en las redes chinas que grita un “中国人还能活着就是个奇迹” (los chinos estamos todavía vivos de puro milagro), donde señalan los peligros a los que se enfrenta la sociedad en su vida diaria por los pocos escrúpulos y la falta de respeto por la vida humana de sus compatriotas que impera en el comportamiento de algunos chinos. De hecho, la red está sirviendo de catalizador y de ágora donde muchos se organizan para pedir justicia por algunas cuestiones en concreto (como los padres de bebés afectados por la leche contaminada), o denunciar casos de secuestros infantiles que tienen por objeto la mutilación y explotación de los niños como mendigos. Por desgracia, incluso hay organizaciones caritativas que se aprovechan de la buena voluntad de la gente y protagonizan escándalos de corrupción y uso y desviación de fondos a cuentas personales, como en la Cruz Roja china. No es de extrañar que muchos chinos no se fíen unos de otros.

Muchos medios usaron la imagen de un corazón roto como símbolo de la crisis moral

La diferencia que ha marcado el caso de la pequeña Yueyue por encima de los otros y ha armado tanto revuelo es, quizás, que esta vez había una cámara de vídeo, y las imágenes se filtraron y propagaron por los medios extranjeros, lo cual hizo que el país entero “perdiera cara” o se avergonzara de forma especial, y empezara en China un gran debate en los medios, pero sobre todo en internet, sobre la notable crisis de moral en China, y la búsqueda de identidad y nuevos códigos morales que reemplacen el vacío que impera hoy donde la nueva economía borró los indicios de lo que significa “ser chino”, pero sobre todo, qué implica “ser una persona”. De momento, el primer paso está dado, que no es poco: China se ha mirado en el espejo, y se ha hecho una autocrítica y un diagnóstico.

Ahora le toca ahora reinventarse.

Una vez más.

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